El conflicto en Irán llega a la cadena del acero: ¿qué puede esperar la industria argentina?
21 Apr 2026
La escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán que estalló en el primer trimestre de 2026 no tardó en volverse un problema concreto para la industria metalúrgica. Lo que arrancó como una tensión geopolítica en el otro extremo del mundo está aterrizando, con velocidades distintas, en los costos de producción, en la logística de materias primas y en el precio del acero que se mueve dentro y fuera de Argentina.
El cuello de botella que cambia todo
El estrecho de Ormuz —un canal de 54 kilómetros de ancho enclavado junto a las costas iraníes— concentra el tránsito de buques que quedaron paralizados o que deben tomar rutas alternativas más largas, con seguros que incorporan prima de riesgo de guerra. Por ese corredor circula una porción crítica del comercio energético global: alrededor del 20% del gas natural licuado (GNL) mundial transita por esa zona, lo que impacta directamente sobre el costo de producción de las acerías, que son grandes consumidoras de energía.
El Brent superó los 82 dólares por barril en las semanas posteriores al estallido del conflicto. En términos industriales, eso no solo encarece el combustible: encarece el transporte de chatarra, de mineral de hierro, de los productos terminados y de las materias primas auxiliares que entran en cada etapa de la cadena siderúrgica.
Irán como proveedor de semielaborados
Lo que muchos análisis de mercado internacional pasaron por alto en un primer momento fue el rol de Irán como proveedor de acero semielaborado. Irán es un proveedor relevante de palanquillas y planchas para Asia. A medida que sus exportaciones disminuyeron, los precios de los semielaborados se dispararon al punto de que la plancha —un producto intermedio— llegó a cotizar por encima de la bobina laminada en caliente, el producto terminado. Es una distorsión que no se veía desde los peores momentos de la pandemia.
A esto se suma que Irán aporta cerca del 3% de la producción mundial de mineral de hierro, un porcentaje que, en condiciones normales de mercado, puede parecer marginal, pero que en un contexto de rutas cortadas y seguros disparados adquiere otra dimensión. Morgan Stanley estimó que las interrupciones en Medio Oriente ponen en riesgo 23 millones de toneladas de mineral de hierro marítimo.
Qué pasa en Argentina
El mercado local no está exento. El precio del combustible impacta en la cadena logística, donde la mayoría de los bienes se trasladan por tierra. En las semanas posteriores al estallido del conflicto, ese combustible costaba hasta un 8% más caro que quince días antes.
El efecto ya tiene registro en el sector metalúrgico argentino. Empresarios industriales de distintas provincias reportaron que el acero registra aumentos de entre 5% y 10%, con impactos totales en los costos de producción de entre 15% y 17% respecto al mes anterior. El problema, señalan en el sector, es que esos aumentos no siempre pueden trasladarse de inmediato al precio final, lo que comprime los márgenes operativos.
La destrucción de infraestructura energética en zonas de conflicto implica que la normalización de precios puede demorar años, advierten desde el sector, lo que aleja el escenario de una corrección rápida.
[IMAGEN INTERIOR: Infografía esquemática con el recorrido del estrecho de Ormuz, indicando los flujos de GNL y mineral de hierro. Fondo oscuro, datos en blanco y naranja. Formato apaisado, 16:9.]
El escenario para los jugadores locales
En la Bolsa de Valores de Buenos Aires, los efectos del conflicto se hicieron sentir con rapidez sobre los papeles vinculados al sector energético y siderúrgico. En Wall Street, los ADR de compañías argentinas ligadas al sector energético sufrieron caídas: Vista Energy y YPF cedieron 3,1% cada una, mientras que Tenaris —productora de tubos de acero para la industria— perdió 0,3%. Estas variaciones reflejan que los mercados anticipan márgenes más ajustados a medida que el conflicto se prolongue.
Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurre con economías muy expuestas a la importación de crudo del Golfo, Argentina tiene una posición de relativa protección estructural. Su producción energética local —con Vaca Muerta como eje— reduce la dependencia directa del petróleo de Medio Oriente. En los foros sectoriales, la visión de referentes como Martín Berardi, presidente de la Cámara Argentina del Acero, es que América Latina en general presenta riesgo geopolítico cercano a cero y potencial de reindustrialización en un mundo que se regionaliza.
El problema concreto no es el abastecimiento energético sino los costos: el petróleo caro encarece el transporte, encarece la energía de las plantas y presiona los costos de los insumos importados. Para la metalurgia argentina, que depende de importaciones de chatarra ferrosa, ferroaleaciones y equipamiento en algunos segmentos, el cuadro es de presión sostenida.
Perspectivas
En un escenario de conflicto extendido que afecte también la producción iraquí, la reducción de la oferta global podría empujar el precio del barril nuevamente hacia los 100 dólares, lo que agregaría otra capa de presión a los costos industriales. El escenario base de la mayoría de los analistas es, por ahora, más moderado: una volatilidad de varias semanas, con tendencia a la estabilización si el conflicto no escala hacia los campos petrolíferos de la región.
Para la industria metalúrgica argentina, el mensaje es claro: los márgenes están bajo presión, los costos logísticos no van a bajar en el corto plazo, y la capacidad de trasladar aumentos al cliente final dependerá, como siempre, de la dinámica de la demanda interna. Lo que no puede hacerse es planificar bajo el supuesto de que este es un episodio pasajero.